El VAR está de vacaciones veraniegas

La árbitra no apreció una mano de una central germana en el minuto 13, pero el error no pudo ser subsanado en la semifinal entre Wolfsburgo y Barça

Lluis Cortés, míster del Barça, se quejó, con toda la razón del mundo, de un hecho acaecido ayer en Anoeta. Hecho que pudo haber variado la dinámica de esta primera semifinal de la Women’s Champions League. El VAR, como prácticamente el resto de las competición, se encontraba de vacaciones veraniegas.

Un hecho que deja de ser una mera anécdota en esta ocasión, puesto que hubo una acción en los primeros compases del choque entre las azulgrana y el Wolfsburgo que pudo variar el rumbo del mismo. Una clara mano de una de las centrales del conjunto germana a prolongación de cabeza de Oshoala de la que la colegiada no quiso saber nada. Un penalti que debió ser señalado en el minuto 13 de partido. Casi nada.

En la Champions femenina no funciona la moderna tecnología aplicada al fútbol

El Wolfsburgo fue el último de los dos equipos en llegar a Anoeta. Las jugadoras del Barça para entonces ya habían tomado el camino de vestuarios después de inspeccionar y fotografiarse sobre el césped del renovado estadio txuri urdin. Las alemanas, así y todo, fueron las primeras en salir a calentar. Una sesión en la que, curiosamente, tomaron parte todas las convocadas; no solo las once elegidas por Stephan Kulcsar, su entrenador.

Las azulgrana salieron más tarde al césped, pero permanecieron mucho más tiempo sobre el mismo trabajando a conciencia para enfilar el choque en las debidas condiciones. Todo ello sobre un escenario que ha ganado muchos enteros desde que pasase a mejor vida la pista de atlétismo. Lástima, como en San Mamés, que toda una semifinal de la Champions femenina tuviese que disputar sin público en las gradas. Cuesta adaptarse a la nueva normalidad, aunque la salud, cómo no, prima por encima de todo.

No hubo minuto de silencio, pero sí rodilla al suelo en protesta contra el racismo

Esta vez no hubo minuto de silencio, pero sí rodilla al suelo de futbolistas, árbitras y juezas de línea en señal de protesta contra el racismo. Luego, una vez que empezó a rodar el balón, cada cual se dedicó a lo suyo sobre un césped envidiable para la práctica del fútbol. No se puede decir lo mismo, visto lo visto en los dos partidos de cuartos, del de San Mamés en estos momentos.

Curioso, por cierto, que en los pupitres reservados para la prensa escrita acreditada en el estadio donostiarra no hubiese electricidad en los enchufes correspondientes. Habrá que atribuirlo a las obras que se siguen llevando a cabo en el estadio.

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