Krankl: todo el corazón en cada remate

Dejó huella en el Camp Nou pese a que su estancia fue breve​

Fue clave en la final de Basilea once días después de un accidente que casi cuesta la vida a su esposa, Inge

‘Nueve’ europeo clásico, dominaba todos los tipos de jugadas dentro del área

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Hansi Krankl dejó huella en el Barça, pese a que su paso fue breve. En el corazón de los aficionados pesan mucho más que cualquier desamor posterior una temporada con un incontestable ‘Pichichi’ y sobre todo el imborrable vínculo de la final de Basilea y las circunstancias personales que la rodearon. Krankl era un gran delantero, un ‘nueve’ europeo clásico, que además derrochaba pasión en cada jugada, en cada gol. Todos sus remates tenían la energía extra del corazón.

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Llegó al Barça en 1978, después del Mundial de Argentina, y heredó el ‘9’ ni más ni menos que de Johan Cruyff. No se parecían en nada más que en el dorsal, porque eran absolutamente distintos. Complementarios, de hecho. Si Cruyff hubiese tenido a Krankl para rematar se habría ido del Barça con algo más que una Liga y una Copa del Rey.

Krankl era un especialista del área que dominaba todas las modalidades del remate: de cabeza, con la derecha, con la izquierda (era zurdo), de chilena (marcó uno así en el 9-0 ante el Rayo, con cinco de Krankl), desde el área o mediante remates imposibles desde fuera del área y sin ángulo, sorprendiendo al portero por el primer palo, como en el primer gol de la remontada ante el Anderlecht, uno de sus golazos.

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Pero el más recordado es el cuarto en la final de Basilea, el de la gran jugada del ‘Lobo’ Carrasco, que arrancó por el centro para coger un pase de Neeskens, se llevó a los defensas y vio el movimiento de Krankl hacia el centro. Allí le pasó el balón para que Hansi lograse un gol inolvidable con un chut que levantó la cal de la línea del área pequeña y que sentenció la primera Recopa.

Once días antes, el Mini de Hansi y su esposa, Inge, fue embestido por otro vehículo en la Diagonal tras un derbi. La esposa del delantero se debatió entre la vida y la muerte. Socios y aficionados del Barça hicieron largas colas para donar sangre. Ingrid, en cuanto tuvo fuerzas, suplicó a su esposo, anímicamente destrozado, que jugase la final.

Conmovido, Hansi jugó, marcó y selló un vínculo indestructible con el barcelonismo a pesar de que no se entendió con Rifé en la siguiente temporada y fue cedido al Rapid Viena, su club de origen, el mismo del que procede Demir. Hansi regresó para formar tándem con Quini a las órdenes de Kubala, pero el fichaje de Schuster a media temporada supuso su adiós, porque sólo podía haber dos extranjeros y HH, sucesor de un Kubala destituido, se quedó con Simonsen y Schuster

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